lunes, 10 de marzo de 2008

El internacionalismo proletario

Periódico alternativo De Pana


Uno de los aspectos del Proceso Bolivariano en Venezuela que más llama la atención de quienes -teniendo experiencias militantes- nos hemos involucrado en él, es la ausencia de debates ideológicos masivos sobre temas fundamentales para cualquier proceso de transformación, más allá de los iniciados, en medio –paradógi-camente- de una intensa discusión pública sobre temas políticos nacio-nales e internacionales.

Sin negar la importancia de la creciente apertura de la sociedad venezolana, alrededor de la realidad política y social, así como de las medidas de carácter económico, la construcción del socialismo implica –necesariamente- abordar aspectos medulares sobre los principios socialistas.
Es necesario enriquecer la visión estratégica de la propuesta del Socialismo del Siglo XXI sobre la manera de conjugar los aportes de individuales y colectivos de la historia venezolana y latinoamericana con aquellos realizados más allá del ámbito subcontinental.

Ello conlleva la compleja tarea de perfilar la manera de complementar la política exterior del Gobierno Bolivariano –con sus razones de Estado, misiones internacionales, tratados, proyectos estratégicos- con la línea de acción internacional de las organizaciones que lo apoyan. Así mismo, controvertir para dilucidar si en el largo plazo es posible construir, sostener y desarrollar el socialismo en un solo país; cuáles son las dife-rencias con los anteriores intentos de construir el socialismo y cuáles las coincidencias; hasta dónde hay coin-cidencias –al menos en la transición- con los modelos social-demócratas o reformistas europeos…

A medida que avanzamos, esos debates son más necesarios. Están directamente relacionados con la estrategia del Proyecto Socialista y con la táctica empleada. Desarrollarlos obliga a tener la sabiduría para confrontar ideas, sin resquebrajar la unidad necesaria para realizar nuestro proyecto histórico. En ellos la caracterización de la coyuntura internacional, como la línea de acción consecuente, están ligadas a los principios ideológicos y, por ello, el debate sobre el internacionalismo proletario se hace más urgente.

Para referirse al internacionalismo proletario, como concepto político-ideológico, es necesario partir del término «internacionalismo», clara-mente referido a los de «inter-nacional» y «nacional», derivados a su vez de «nación» y «Estado-nación», que aparecieron en los umbrales de las revoluciones burguesas europeas, sin afirmar que la práctica del internacionalismo surgiera en ese momento histórico, pues la solidaridad de clase es anterior al término «internaciona-lismo». En las rebeliones campe-sinas de los siglos XV y XVI contra el feudalismo y antes, cuando los esclavos se levantaron contra el Imperio Romano -comandados por Espartaco- participaron individuos de diferentes orígenes.

En el marco de la transición del feudalismo al capitalismo en Europa, cuyo símbolo más conocido fue la Revolución Francesa, la burguesía -como clase de vanguardia al frente de una gran coalición- elaboró un discurso según el cual en los albores de los tiempos, los seres humanos nacidos iguales, realizaron un «contrato social» que dio lugar a la aparición de la sociedad, de la ciudadanía y del Estado y poco a poco, se fueron constituyendo las naciones, que están asentadas en un territorio determinado.

Independiente de que l@s revolucionari@s de hoy no compartimos la visión burguesa del mundo, en esa lucha contra el feudalismo parti-iparon individuos de diferentes orígenes y culturas, solidarizándose por identidad de clase con la burguesía contra la monarquía. Así, Tomas Payne y Francisco de Miranda fueron internacionalistas. Igual que Lafayette y su Legión Francesa –que ayudaron a la independencia de los Estados Unidos- o los «afrancesados» españoles que apoyaron a las tropas napoleónicas, los combatientes de la Legión Polaca y los «carbonarios» italianos.

En ese marco histórico, con sus propias condiciones, en los primeros procesos de independencia latinoamericana participaron comba-tientes de diferentes regiones de nuestro continente y más aún, de diversos orígenes y nacionalidades, como los miem-bros de la Legión Británica, el Coronel irlandés James Rooke... Esa participación inter-nacionalista se repitió al fin de la descolonización en el Caribe y un ejemplo es el general Máximo Gómez, dominicano que combatió por la independencia de Cuba.

A mediados del siglo XIX, durante las revoluciones de 1848 en contra de las monarquías absolutas (la «primavera de los pueblos»), la Asociación Internacional de Trabajadores (I Internacional), expresión de la alianza de demócratas radicales y proletarios, condujo la solidaridad y buena parte de la acción directa.

Con el desarrollo del proletariado, se denominó a la solidaridad de clase revolucionaria como «inter-nacionalismo proletario». La Liga Comunista, tras aparecer el «Manifiesto Comunista», cambió su lema «Todos los hombres son hermanos» por «Proletarios de todos los países: ¡Uníos!»

En la práctica, el carácter internacional de la confrontación y el papel de las ideologías, se evidenciaron en la Comuna de París, cuando la burguesía francesa prefirió aliarse con el ejército prusiano que la acababa de derrotar, para destruir la primera revolución socialista de la historia.
Años más tarde, con el triunfo de la Revolución Soviética, se incorporaron gran cantidad de revolucionari@s al Ejército Rojo provenientes de todo el mundo, como los yugoslavos Matezalko (futuro general Lukács en España), Alekso Dundic o Danilo Sedic, y en solidaridad, se realizaron huelgas y sabotajes en otros países, se amotinó la Flota Francesa en el Mar Negro (dirigida por André Marty, futuro organizador de las Brigadas Internacionales en España)…

En la década del treinta se realizaron campañas internacionales por la vida, defensa y libertad de Dimitriv (en proceso de Leipzig), de Thaelman, de Gramsci, de Luis Carlos Prestes… y al estallar la Guerra Civil Española, por la sublevación de Franco contra la República, junto a los pronun-ciamientos solidarios con ésta de intelectuales y artistas y la recolección de recursos para la defensa, miles de revolucionari@s se dirigieron a combatir en España, sumando 35.000 voluntarios de 35 países, de 1936 a 1939, 17.000 de los cuales murieron cumpliendo su deber.
Desde entonces, en la resistencia contra la invasión japonesa y en la Revolución China, durante la Segunda Guerra Mundial, en la preparación del Movimiento 26 de Julio para el combate en Cuba, en las luchas militares, políticas y sociales contra el capitalismo en Congo, Palestina, Angola, Mozambique, Bolivia, Granada, Venezuela, Colombia, El Salvador, Nicaragua, Vietnam… los internacionalistas –con «Che» en vanguardia- han protagonizado hechos históricos cuyo significado supera el heroísmo de sus proezas militares.

Para terminar, es preciso distinguir la solidaridad humanista que trata de ayudar a l@s necesitad@s pero sin comprometerse, del internacionalis-mo proletario –como parte fundamen-tal de la solidaridad internacionalista- que toma partido con los pueblos, que se organiza por el socialismo, que milita contra el capitalismo y aspira a «cambiar el mundo de base».